La Honra a Dios

La honra a Dios es una de las enseñanzas más importantes que un cristiano puede recibir en su vida en Cristo. Es una de las prioridades que todo hijo de Dios debe tener en primer lugar, y por ende es algo que no se puede ignorar ni manejar ligeramente.

Honrar a una persona se puede definir como mostrar respeto, admiración, consideración, alta estima a esa persona. En ocasiones esta muestra de respeto y consideración se puede hacer en público.

En el libro de 1 Samuel, capítulo 2, vemos la historia de Elí y los hijos de este sacerdote. En el verso 30 de dicho capítulo, Dios pronuncia unas palabras muy importantes: “porque yo honraré a los que me honran”. Dado el contexto, hay mucho que analizar en dicho capítulo, pero no se hará en esta oportunidad.

Dios le dijo a Elí acerca de la honra que deben tener los hombres, y cómo él mismo honraría de regreso a aquellos que mostraran ese sentimiento hacia Dios.

La honra a Dios se puede realizar de diferentes maneras. La honra puede incluir:
• La oración
• Lectura de la palabra de Dios
• La alabanza
• La adoración
• El ayuno
• Diezmos y ofrendas
• Servicio dentro de la iglesia
• Evangelizar al necesitado

Estas solamente son algunas maneras de cómo honrar a Dios. Pero lo más importante al hacerlo, es honrar a Dios de todo corazón. Porque Dios conoce nuestro corazón, nuestras intenciones. Por ello, al honrarlo debemos desearlo, de manera que esa honra suba como olor fragante ante él.

Y Dios honrará de regreso también. Cuando nos proponemos de todo corazón a honrar a Dios como él desea, él mantendrá su palabra, y honrará a aquellos que le honren.

Cuando nosotros como hijos de Dios honramos a nuestro padre celestial, veremos cómo él nos honra no solamente en la medida que nosotros lo hemos hecho, sino que multiplicado muchas veces y maneras que posiblemente ni hayamos imaginado.

Dios recompensará a todo aquel que le honre de corazón, porque él se complace en bendecir a aquellos que bendicen su nombre. ¡Cuánto más honrará a todos aquellos que se buscan honrarle a él!

Por tanto, nuestra prioridad debe ser honrar a Dios en todo momento, en todo tiempo, en todo lugar y de todo corazón. Dar honra y gloria por quién es él, y bendecir su nombre por siempre.

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