Jesús es la Luz del Mundo

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”
– Juan 8:12

Todos necesitamos de Jesús en nuestra vida. Esta es una verdad que no puede ser escondida, sino que por el contrario, debe ser predicada en cada rincón del mundo.

La razón es porque no hay otro camino para llegar al Padre, sino es a través de Jesús. Dios dio a su hijo unigénito para que en él encontráramos vida eterna; para que no nos perdiéramos, sino que tuviéramos la forma de poder tener salvación de nuestro pecado, fuéramos limpiados y pudiéramos estar una eternidad en la presencia de Dios.

Antes de Jesús, nuestra vida está sumergida en la oscuridad. Sin Jesús nos debatimos entre multitudes de pensamientos y doctrinas, y siempre estaremos con la duda de si realmente conocemos la verdad.

Puede que el mundo nos muestre que estamos bien, que solamente debemos portarnos como buenas personas haciendo buenas obras, y que Dios nos dará entrada al cielo solo por hacer el bien. Otros nos dicen que hay diferentes caminos, que adoremos al dios que nosotros creamos, y todo estará bien. Algunos otros incluso nos enseñan que no hay Dios, no hay vida más allá de este mundo, y que esta vida se debe disfrutar al máximo.

Lo lamentable es que esto nos lleva a que pensemos que solamente con hacer el bien alcanzaremos esa recompensa de ir al cielo. Y en muchas ocasiones ni siquiera hacemos el bien; nos dejamos llevar por nuestra naturaleza pecaminosa, y nos mezclamos con las cosas de este mundo, satisfaciendo solamente los deseos de la carne de manera momentánea. Y después de esa satisfacción temporal, nos encontramos nuevamente en las tinieblas, con un gran vacío en nuestro corazón.

Pero no debemos permanecer en las tinieblas, porque Dios ha puesto su luz en nosotros. Tenemos acceso a que la gloria de Dios brille en nuestras vidas.

Jesús nos dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” (Juan 8:12).

Esta es la salida para salir de esa oscuridad. Debemos seguir a Jesús, la luz del mundo, y ya no estaremos más en tinieblas. Al seguir a Jesús, haremos que su luz brille en nosotros, y las tinieblas ya no tendrán parte con nosotros, porque la gloriosa luz de Jesús iluminará completamente nuestra vida.

La luz erradica las tinieblas. Jesús, siendo la luz del mundo, es la respuesta para erradicar las tinieblas que gobiernan el mundo en que vivimos.

El primer paso es tomar la decisión más importante de nuestras vidas: Aceptar a Jesús como nuestro único y personal salvador, y hacerlo Señor de nuestra vida. Esta decisión hará que su luz comience a brillar en nosotros.

Al aceptar a Jesús, también haremos que esa luz pueda brillar en otras personas. Porque al recibir a Jesús en nuestra vida, Dios nos da la potestad de ser hijos suyos. Y la misma luz de Jesús brillará en nuestras vidas, siendo luz para el mundo tal como Jesucristo lo es (Mateo 5:16).

Es necesario que tomemos la decisión de ser luz para las naciones, creyendo en el Señor Jesucristo, y haciendo que su luz brille en nosotros.

Jesús es la luz del mundo.

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